Lennox se siente afortunado rodeado por sus caballos, perros y gallos y gallinas en su finca, ubicada entre las montañas de Naranjito.

El reguetonero Lennox muestra el espacio donde recarga energías

Cuando no está de gira u ocupado con algún compromiso de trabajo, el cantante urbano Lennox se desconecta de los lujos que le da la fama y se interna en el campo.

Rodeado de caballos, gallos, y algunos perros rescatados, el reguetonero encuentra en su finca, en Naranjito, la paz y la energía que necesita para volver a la carga.

“Aquí es donde recargo mis baterías. A veces cuando vengo de regreso de un viaje, estoy desesperado en el avión porque ya quisiera estar aquí. Esto me llena de mucha paz. Me siento aquí con los amigos y me despejo”, expresó el cantante a Primera Hora mientras disfrutaba de un domingo en el terreno al que llamó Hacienda La Bendecida.

Fue hace poco más de tres años que adquirió las más de dos cuerdas de terreno en las que ha pensado construir una casa para cuando decida retirarse de los escenarios, un anfiteatro pequeño en el que pueda actividades con sus amistades y un cultivo de plátanos y otros frutos, por si “las cosas se ponen malas”, pues solo se visualiza viviendo en su país.

Allí, poco a poco todo va tomando forma. Parte del establo ya fue construido, al igual que un gallinero y un corral. Ver la hacienda completada es una ilusión que tiene el artista, pero no se lo quiere tomar a la ligera porque quiere participar de ese trabajo y disfrutarlo.

“Yo hubiera podido comprar una finca que ya tuviera todo listo, pero me gusta el proceso en el cual llevo mi finquita, poquito a poco. Es un proceso que no me molesta, sino me entretiene y me ayuda a crear ese balance entre mi vida ajetreada y mi vida personal”, comentó el vocalista del dúo Zion y Lennox.

El tiempo libre que tengo lo invierto aquí. Cuando llego de viaje, al otro día por la mañana lo primero que hago es venir acá. Si me llaman del estudio, vengo mediodía aquí y voy para el estudio. Las cosas (compromisos) que tengo de música, eso es religioso”, agregó.

Ese espacio en el que se refugia cada vez que puede es también la guarida de unos cuantos canes que han llegado a su vida de formas distintas. Una de ellas es “Mami”, a la que luego de alimentar esporádicamente cuando esta vagaba cerca de su residencia en Toa Alta, decidió rescatar.

“Cuando llegó a casa no estaba operada ni nada y ahí quedó preñada y me llenó de perritos. Después, cuando la quería operar de nuevo, me parió por segunda vez. Los otros perritos los tengo en mi casa. Me han fallecido algunos. A veces se ponen a pelear porque son como manadas. Cuando pasan de cinco perros, hay que separarlos porque se ponen a pelear”, explicó. Fue por este motivo que decidió llevarse algunos a la finca, donde también tiene a Luna, una perrita que le regalaron a la que tuvo que hacerle una casita lejos de los demás canes y de los materiales de construcción porque el cemento le estaba provocando alergias en la piel.

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